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Paseando con Florencia resonaba en mi memoria la canción de Víctor Jara con sus versos desordenados: corriendo a la fábrica, iba a encontrarse con él, donde trabajaba… Florencia con 18 años brincaba cada día por los caminos arenosos de su pueblo minero hacía la fábrica del cobre, en el Norte semidesértico de Chile. Cargaba, además de con su alborozo, una cazuelita de comida para su esposo. Cinco minutos con él. Ahora, en un trotar mucho más renqueante, de un día de 1974. El Golpe había derrotado el proyecto del pueblo y eran años de represión.
Me tomaron presa los Pacos, que así llamábamos entonces a los policías, junto con dos amigas. Ellos ya sabían de mí, de mi trabajo en el Sindicato, pero no tenían ningún motivo para detenerme. Dijeron que el día anterior habíamos querido quitarles la comida a los obreros.
Nos empujaron hacia un rincón de la Comisaría mientras sus miradas escupían sobre nosotras. Con nuestras manos enlazadas ni un momento cesamos en nuestro griterío. ¡Es una injusticia! Sacudidas por aquellos cuerpos sarnosos, nos obligaron a entregarles todas nuestras cosas.
Nos preguntó el Capitán como las han tratado, con desaire nada más cruzar la puerta. -Con prepotencia -respondí yo, -pero eso es natural entre ustedes. Son todos unos prepotentes, le desafié.
Florencia y sus amigas, fueron liberadas, dice ella por escandalosas. Será. Porque desde entonces Florencia sigue clamando por el reconocimiento de sus derechos como mujer y campesina.
http://gustavoduch.wordpress.com/2009/11 Fecha : 30-11-2009 |